Odio a la Religión Cristiana en la Rusia de Lenin…

“Fusilaron” al Dios en Quien No Creían !!!

20 20UTC enero 20UTC 2012 by

Según leemos, no sin sorpresa, en Wikipedia…:  el dramaturgo, crítico literario y político comunista ukraniano Anatoli Lunacharski, que en 1918 fuera ministro del  Gobierno de Lenin [con quien aparece en la fotografía]…

“Durante su labor como comisario de instrucción impulso el célebre juicio contra Dios por sus crímenes contra la humanidad. El juicio se prolongó durante cinco horas y en él se colocó una Biblia en el banquillo de los acusados. Los fiscales presentaron numerosas pruebas de culpabilidad basadas en testimonios históricos y los defensores designados por el Estado soviético aportaron argumentos en favor de la inocencia de Dios. Su baza principal fue la petición de absolución por grave demencia y desarreglos psíquicos. Sin embargo, el tribunal dejó claro desde el principio que no aceptaría una petición de absolución debido a la extrema gravedad de los delitos juzgados. Al final Dios fue declarado culpable.

EL 17 de enero de 1918, a las 6.30 horas de una gélida mañana, un pelotón de fusilamiento disparó cinco ráfagas de ametralladora contra el cielo de Moscú. La sentencia de muerte contra Dios se había cumplido”.

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Por otra parte, en minutodigital se publica un artículo firmado por Israel Viana:

«La religión es como un clavo. Cuanto más se lo golpea en la cabeza, más penetra», dijo Anatoly Lunacharski en 1923. Y debía saber de lo que hablaba el comisario de Instrucción Pública de Lenin, que había dedicado gran parte de su vida a perseguir a la Iglesia tras el triunfo de la Revolución Rusa en 1917. Él y sus camaradas bolcheviques estaban convencidos de que podían erradicar la religión de la noche a la mañana, y como tal, se dedicaron a confiscar los bienes eclesiásticos, destruir algunos monasterios, organizar procesiones simbólicas en las que se ridiculizaba a dioses y profetas y erigir cadalsos en los que se decapitaban y quemaban efigies del Papa.

Pero el hecho más sorprendente e insólito fue el que protagonizó Lunacharski en enero de 1918: el «Juicio del Estado Soviético contra Dios». Un acontecimiento que tuvo lugar un año después de que los bolcheviques derrocaran al zar Nicolás II, al inicio del considerado primer periodo (1918-1923) de la persecución sistemática contra la Iglesia en Rusia, y que coincidía con la primera época de la exaltación del delirio iconoclasta.

En esta vorágine, a principios de 1918, se organizó en Moscú un tribunal popular presidido por el tal Lunacharski, que se declaró absolutamente competente para juzgar al Todopoderoso por sus «crímenes contra la Humanidad».

«Culpable» de genocidio

El 16 de enero, y con una gran cantidad de público presente en aquel «circo» histórico, comenzó el proceso en el que, durante más de cinco horas, se produjo la lectura de todos los cargos que el pueblo ruso, en representación del resto de la especie humana, formulaba contra el «reo». La imputación principal parecía estar clara para los fiscales bolcheviques: Dios era «culpable» de genocidio.

No parecía haber diferencias entre aquel juicio «divino» y otro de índole más terrenal. Los detalles estaban perfectamente cuidados, como si de un juicio del todo legal se tratara: en el banquillo de los acusados se colocó una Biblia, los fiscales presentaron una gran cantidad de pruebas basadas en testimonios históricos y los defensores designados por el Estado soviético presentaron bastantes pruebas de su inocencia, llegando incluso a pedir la absolución del «acusado» alegando, ni más ni menos, que padecía una «grave demencia y trastornos psíquicos», no siendo responsable de lo que se le achacaba.

Otro detalle importante de esta historia es que el presidente del tribunal no era exactamente un ignorante en lo que a cuestiones de la religión se trataba. Todo lo contrario. Lunacharski –que en 1933 sería nombrado precisamente embajador en España de la URSS– aprovechó sus largas temporadas en la cárcel, antes de 1917, para estudiar intensamente la historia de las religiones, a la que ya se había dedicado durante años en París, como reconoce en su autobiografía.

De hecho, la intención de su libro «Religión y socialismo» –que provocó una violenta condena por parte de los miembros de su partido– era incorporar al marxismo los valores religiosos y salvacionales que se encuentraban en las formas religiosas y cristianas. Esto le puso en contra a muchos de sus camaradas.

Sentencia de muerte

El 17 de enero de 1917, tras cinco horas de testimonios, apelaciones y protestas, el tribunal declaró finalmente «culpable» a Dios de los delitos que había sido acusado: genocidio y crímenes contra la Humanidad. A Lunacharski ya sólo le quedó leer la sentencia: el Señor moriría fusilado a la mañana del día siguiente y no se daría hasta entonces la posibilidad de interponer ningún tipo de recurso ni establecer el más mínimo aplazamiento.

La pena de muerte fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento, que disparó varias ráfagas al cielo de Moscú.

Pocos años después, entre 1923 y 1929, la astucia del pensamiento bolchevique aconsejó no repetir este tipo de actos ni la persecución abierta contra la Iglesia que habían protagonizado en los años anteriores, e incluso el mismo Lunacharski condenó los excesos cometidos en este sentido, antes de morir, camino de España, cuando se dirigía a ocupar su cargo en la embajada. «Qué Dios les coja confesados», diría más de un creyente.

 
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