TRADICIÓN EUROPEA (3)

[Continuamos con los amplios extractos de Romualdi dedicados a la tradición europea. Desde la próxima semana colgaré regularmente el texto de la semana los viernes por la noche. El fragmento de hoy y en especial la cita de Bachofen, autor al que dedicaremos un ciclo porque lo merece, es muy esclarecedor sobre la verdadera naturaleza de la sociedad occidental moderna y en particular del inmenso poder que tiene el feminismo sobre las conciencias igualitarias y progresistas. He decidido también enriquecer todos los textos de Romualdi con imágenes porque  creo que aportan bastante.]
La migración dórica
El núcleo de los Veda ya debía existir, por lo menos como tradición oral, cuando el proceso de indoeuropeización de Europa toca su ápice, inmediatamente precedente al amanecer del mundo grecorromano.
Es la llamada “migración dórica” es decir aquel movimiento de los pueblos del Norte que empuja los Dorios a Grecia, da comienzo a las migraciones itálicas en la península de los Apeninos y causa la irradiación de los Celtas en toda Europa Occidental.
La presencia de la incineración en esta segunda y resolutiva oleada indoeuropea nos introduce en un nuevo evento espiritual, que se coloca en el surco del simbolismo solar y la “negación de la Madre”.
La incineración tiene antiguas raíces en Europa Central, pero sólo al final de la edad del bronce alcanza la expansión y compacidad que nos permiten hablar de una nueva visión de la vida. Es un ritual típicamente uránico, es decir orientado hacia el cielo y la luz. La purificación del espíritu del peso de la tierra y su liberación en pura sustancia de fuego encuentran un preciso eco en un nuevo florecimiento del simbolismo celeste.
El círculo solar, la cruz céltica, el disco punteado, la rueda radiada atraviesan toda Europa entre los dos grandes centros que son las incisiones rupestres de Bohuslän y de Valcamonica. Del mismo modo, desde Suecia a Italia –partiendo de un foco centroeuropeo- hace su aparición el motivo del cisne astral, destinado a perpetuarse hasta la leyenda de Lohengrin y del Grial. El motivo de los dos cisnes uncidos a la nave del sol, las formas de cisne estilizadas a S, son una de las más características manifestaciones de la cultura de los campos de urnas y acompañan su expansión hacia el Sur, hasta el Lacio.
El carro solar –del que tira un caballo- ha sido hallado en un pantano de Dinamarca y confirma la veridicidad del mito helénico de Apolo residente en el país de los hiperbóreos.
Significativamente, en las incisiones rupestres de Suecia y Valcamonica se multiplican los símbolos solares y las divinidades masculinas, pero hay una notable ausencia de figuras femeninas.
“Falta la muchacha, como la madre y la parturiente; falta la imagen del pequeño animal amamantado, inmortalizado en Creta y Egipto en inolvidables figuraciones. Es un alma radicalmente distinta la que se expresa en aquellas incisiones rupestres nórdicas e itálicas. Al antiguo mundo mediterráneo, con su naturalismo femenino, se contrapone una cultura típicamente viril. Ésta se abre camino hacia el Sur” (Altheim, Italien und Rom).
Una ausencia que tiene un  preciso valor indicativo acerca del contenido espiritual de la “migración dórica”. Un contenido que pronto saldrá a la luz, en el pantheon olímpico o en el estilo de vida escueto y severo del doricismo y la romanidad.
Hacia el 950 a.C. la gran migración ha terminado: en el Peloponeso están lo Dorios y en los Montes Albanos los Latinos. El ethnos itálico y helénico, saturado de elementos nórdicos, se prepara para la gran época de la civilización clásica. Desde Grecia a Italia se difunde un nueva constelación simbólica cuya estrella polar es la esvástica, que se encuentra centenares de veces en las vasijas del llamado “período geométrico” y también en las urnas “con forma de choza” del Lacio.
La prehistoria ha terminado. Sobre la Hélade despunta la aurora homérica. Significativamente, cuando el primer pueblo indoeuropeo comienza a hablar, su mensaje es el de la religión olímpica.
De dos mil quinientos años de prehistoria religiosa europea, una palabra nos ha quedado: DYEUS.
Es el nombre de la divinidad: Júpiter -de Dios Padre- (gen. Iovis, dat Iovi) para los Latinos; Zeus (gen. Diòs) para los Helenos; Dyaus en India; Tyr o Ziu en el mundo germánico.
Es el nombre del dios supremo y –al mismo tiempo- el del cielo divino en toda su luz y su esplendor.
Es ésta una importante elección espiritual: los indoeuropeos, la raza nórdica, los europeos son el pueblo de DYEUS, el pueblo de la luz, destinado a portar el lògos, la ley, el orden, la medida, el pueblo che ha divinificado el Cielo frente a la Tierra, el Día frente a la Noche. La raza olímpica por excelencia.
[…]
El orden de la luz es un orden masculino.
No el orden de la Madre –que confunde todo y todos en una pacífica promiscuidad- y que está antes de la civilización como la conocemos.
“Del principio de la maternidad generadora surge el sentido de la universal hermandad de todos los seres, sentimiento que declina y ya no encuentra resonancias con el advenimiento del principio de paternidad. La familia centrada en el patriarcado es cerrada como un organismo-individuo, la matriarcal en cambio conserva el carácter típicamente universalista que encontramos en los orígenes, del cual procede aquel principio de universal igualdad y libertad, que nosotros encontramos como rasgo fundamental de los pueblos ginecocráticos, junto a la xenofilia (simpatía por los extranjeros) y una decidida intolerancia hacia cualquier clase de límites y restricciones; no tiene distinto origen la exaltación del sentimiento de una parentela general y una simpatía que no conoce límites” (Bachofen, Las madres y la virilidad olímpica).
El genio espiritual indoeuropeo, como se manifiesta en sus orígenes, está precisamente en el rechazo de esta hermandad promiscua del reino de la Madre. Contra la promiscuidad están la Familia y el Estado, contra la hermandad universal y bastarda la estirpe y la raza.
Contra el nivelamiento está el Orden como principio de diferenciación luminoso. El Orden solar del día, el orden de DYEUS, como se encuentra simbolizado en la esvástica, primordial símbolo de la luz.

Fuente:

http://velorasgado.blogspot.com.es/2012/03/tradicion-europea-3.html

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