Günther Grass actúa como profeta

…Porque creía que mi origen alemán:

 El tambor de Grass en fuego cruzado

 
 

Por Giovanni B. Krähe

El autor del “tambor de hojalata”, el premio Nobel Günter Grass, vuelve a la carga como en sus viejos tiempos. El poema-panfleto, que a continuación reproducimos revisado, ha sido publicado ayer por Grass en Alemania, Italia y España, causando un debate político-cultural sin precedentes en Alemania. La clase política unida en un único frente (izquierda, centro, derecha, Verdes “ecologistas”, comunidad judía, diplomacia, intelectuales sionistas, caviares ocasionalistas de todos los colores) han cerrado filas compactas para declarar el poema “irritante”, “desproporcionado”, “ciencia ficción”, “nazista” y demás epítetos que recuerdan el suave y dulce sabor de la vieja contra-propaganda de antaño. La crítica común principal que se oye en coro es la de ser un poema de odio “antisemita” ¿Será, lo será? No nos parece o lo dirá el lector. Hacer pasar una crítica en forma de poema a la política exterior de Israel como un texto “antisemita” es un hueso que puede ser lanzado al lector distraído o amodorrado. Grass mismo se anticipa bien en el poema y avisa al lector al respecto, antes que los críticos lancen ese viejo hueso a la mano para que el lector ocasional corra emocionado tras de él.

La verdad es que Grass, gracias al rol público que le da el premio Nobel, le ha “malogrado la fiesta” a la prensa escrita y televisiva europea que casi tenían en puño a la opinión pública europea, completamente anestesiada de propaganda anti-iraní y pro-israel, sobre todo en este periodo que se prepara la inminente acción militar contra Irán, antes o después de las elecciones americanas. Que salga justamente ahora un Nobel a remover el sopor, fastidia, sí, y mucho. ¿Saldrá a defenderlo nuestro “Grass latinoamericano”, Vargas Llosa, o pensará que “ya aportó su cuota” con ese librito insignificante sobre el tema Medio oriente que fue su “Diario de Irak”? Un mensaje a los autores que pueden alzar la voz, Grass lo da: “cabe esperar además que muchos se liberen del silencio”, escribe Grass. ¿Se liberará de su silencio Vargas Llosa? Lo dudamos.

A los alemanes Grass les escribe algo muy intresante, porque sutil (subrayado nuestro): ¿Por qué he callado hasta ahora? Porque creía que mi origen, marcado por un estigma imborrable, me prohibía atribuir ese hecho, como evidente, al país de Israel. En otras palabras Grass nos dice que callaba porque creía que su origen alemán, marcado por el estigma del pasado y la culpa colectiva, le prohibía criticar a Israel. Ahora ya no cree y lo hace. En efecto, criticar al sionismo en Alemania no pasa como una crítica cualquiera, porque simplemente es una crítica imposible: pasa inmediatamente como la crítica de un nazi o de un extremista de derecha. ¿Será, lo será Grass? ¿será tal vez el viejo orgullo del jovencito Waffe-SS que regresa del pasado como están escribiendo a metralleta sus críticos ahora para distraer al lector del contenido del poema?

El pedigrí posmoderno nons indica en estos casos que un texto-artículo es una “obra abierta” (Eco) sobre la cual se debe “deliberar” eternamente para “apropiarse” hermenéuticamente del sentido, según comunes “pretensiones de validez”. Escogiendo estratégicamente la forma de un poema para comunicar un artículo político en realidad, El autor Grass no expone un texto a la crítica “deliberativa” de lo ya catalogado como criterios de lo verdadero o falso en la opinión pública. Grass más bien expone el lector al descubrimiento activo (emocional si se quiere) de ambos criterios (o de ninguno). Pero La razón de la reacción alharaquienta, verdaderamente desproporcionada, de la prensa cultural alemana y europea no es demasiado sutil, es completamente otra en realidad, de mera Realpolitik. El tema del “origen alemán”, el “peso de la memoria” y demás, es un viejo tema que tiene que ver con ese otro hueso que es la historia, la historia alemana para principiantes. La reacción local alemana es otra y se comprende realmente cuando Grass afirma en su poema precisamente algo actualísimo y “políticamente incorrecto” que pocos dicen, como bien afirma Grass, es decir, la venta-exportación de submarinos militares Dolphin (los mejores en la actualidad) de parte de Alemania a Israel. Alemania “expía” el pasado “que no pasa” (Nolte) de esta forma singular. Si vemos bien, Grass en realidad no niega la máxima civil-pedagógica de la culpa colectiva en su poema, más bien escribe porque no quiere cargar con otra culpa colectiva: “Grass se interroga, rodeándose de cautelas, si esa forma de expiar el pasado no podría engendrar nuevas culpas” (María Ridao). A continuación el poema. Retocamos ligeramente algunas partes de la versión que ha publicado el País. La versión original alemana es mucho más incisiva que la versión publicada (en nota el subtexto).

 
 

Por qué guardo silencio, por qué callo demasiado tiempo

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, como supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página (1).

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no callo más

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

(1) con acabar en “notas a pie de página” Grass se refiere sutilmente al 9.11.2008 (aniversario del Pogrom), donde se afirmó que las víctimas del Holocausto podían convertirse en “notas a pie de página” si no se les recordaba. Grass invierte la frase y la refiere a sí mismo (a los alemanes).

===

Fuente: http://geviert.wordpress.com/2012/04/04/porque-creia-que-mi-origen-aleman-el-tambor-de-grass-en-fuego-cruzado/

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