Cáidos y mártires de Europa!

Es interesante constatar que con el transcurso de los años, los historiadores de la WWII aumentan el número de muertos y desaparecidos alemanes, a la vez que disminute el número de judios fallecidos durante los años 1939 a 1945 en Europa. Incluso las lápidas conmemorativas de Auschwitz han rebajado la cifra oficial de 4 millones… a 2 millones y por último a 1,5 millones de muertos. El obispo católico Williamson, nada sospechoso de ser filo”nazi” admite la cifra de unos 300.000 judios muertos durante la guerra mundial. Paralelamente, en Rusia se sigue conmemorando cada 9 de mayo como dia de la “Victoria” en la Gran Guerra Patria, en la cual ahora se da la cifra de 27 millones de caídos, cuando hace años sólo se hablaba de  siete, doce y luego quince ó veinte millones de muertos. Llegó a especularse con que la propaganda soviética queria camuflar las muertes producidas por la represión stalinista como muertes causadas por la guerra. En todo caso, tanto  si se trata de muertes de alemanes, judios o de rusos, lo cierto es que todos son muertos y caídos por una guerra fratricida europea, en la que rusos, alemanes y polacos  sufrieron las mayores pérdidas.

En consideración a profundizar el conocimiento de lo que realmente ocurrió en la Segunda Guerra Mundial merece leerse el post recientemente publicado por Jaume Farrerons en su blog “Filosofía Crítica“. Lo reproducimos íntegramente a continuación:

domingo, mayo 13, 2012

El mayor genocidio de la historia (5). La cifra total de víctimas

El 23 de septiembre de 2009 publicábamos la primera entrada de la serie “El mayor genocidio de la historia”. En este post se hacían una serie de afirmaciones que han dado mucho de sí y que ahora convendría ajustar y matizar. Hace ya tiempo que hemos limitado la cifra de 17 millones de víctimas del genocidio alemán al número de afectados, es decir, a la suma del total de los asesinados más aquéllos que fueron expulsados de sus hogares, a las mujeres violadas, etc. La cifra de 13 millones de exterminados se reserva al máximo de una horquilla que oscila a partir de 8 millones de muertos. Si la horquilla es tan amplia se debe a que, según James Bacque, los ciudadanos alemanes que perecieron a resultas de la hambruna planificada por las autoridades aliadas de ocupación son 5,7 millones, pero este cálculo se obtiene comparando los censos anteriores y posteriores al período 1945-1949, sumando a dichos censos los desplazados de las provincias del Este y las minorías germanohablantes de la Europa central y balcánica, y restando las víctimas por otros conceptos. En consecuencia, resulta prudente dejar bastante abierto el margen posible de error. En función de tales cálculos, se obtiene que en el último censo posterior a la catástrofe han desaparecido más de 5 millones de alemanes, los cuales no se pueden atribuir a caídos en el frente, a prisioneros desarmados exterminados o a víctimas de los bombardeos terroristas británicos. Nosotros, en su momento, propusimos 13 millones de víctimas dando por buenos los 5,7 millones de la hambruna y aquella fatídica cifra ha sido confirmada, de forma casi exacta, por el profesor Dr. Bernhard Bellinger, de Berlín, quien publica la siguiente tabla:
Como puede comprobarse examinándola con detalle, al total de 15.799.000 hay que restar los caídos en combate, que son unos 3 millones. El resultado son 12.729.000 víctimas. Pero Bellinger admite sólo 500.000 muertos por los bombardeos terroristas ingleses, mientras que nosotros nos basamos en la cifra de Jörg Friedrich en Der Brand. Deutschland im Bomberkrieg 1940-1945 (2002) donde se consigna un mínimo de un millón de muertos. Si añadimos esta diferencia, pongamos 500.000 muertos más, la cifra de víctimas asciende a 13.229.000 personas.
Trece millones de muertos: el mayor genocidio de la historia
Las polémicas entorno a conceptos como los desaparecidos o las víctimas de los bombardeos terroristas no van modificar en exceso estas conclusiones, no obstante conviene dejar constancia de algunos extremos.
El carnicero Charles Portal.
Tenemos a 1.272.000 de militares alemanes, presuntos desaparecidos que, en opinión de Bacque, son los exterminados en campos franceses y americanos para prisioneros alemanes. Mientras duró el conflicto militar, y dado que los alemanes respetaban la Convención de Ginebra con los prisioneros capturados a los occidentales, firmantes también de la misma, Washington  no se atrevió a masacrar a los prisioneros alemanes por miedo a posibles represalias con los 2 millones de soldados ingleses y americanos internados en campos alemanes. Sin embargo, una vez vencida Alemania, Eisenhower ideó el perverso concepto de F. E. D. (Fuerzas Enemigas Desarmadas) a fin de poder contraponerlo al de P. W. (Prisioneros de Guerra) y estar en condiciones de omitir los preceptos legales de la convención. No sólo eso, centenares de miles de P. W. pasaron como por ensalmo  a convertirse en F. E. D. a base de trucar las estadísticas poblacionales de los campos. ¿Cuál era la finalidad de dichas innovaciones conceptuales y trasiegos burocráticos? Simplemente, dejar a los prisioneros alemanes a merced del ocupante y sin que ninguna potencia protectora pudiera reclamar la fiscalización del funcionamiento interno de los campos, es decir, el respeto a la normativa humanitaria internacional relativa a los prisioneros de guerra. Según Bacque, el número de víctimas de lo que, en este concepto, para nosotros constituye sólo una fase más en el proyecto global de exterminio planificado, es de un millón. Como consecuencia de estas investigaciones y debates, se empezó a hablar del hoy ya famoso “vermisste Million”, que los aliados intentaron atribuir a los soviéticos pero cuya responsabilidad apunta más bien a los aliados franceses y americanos. Los ingleses, que habían masacrado a los civiles alemanes mediante bombardeos terroristas, se sometieron a la Convención de Ginebra en sus propias zonas de ocupación, a pesar de lo cual no denunciaron las atrocidades que se estaban cometiendo en los campos controlados directamente por Eisenhower y De Gaulle.
La obra de James Bacque desató en su momento una polémica que sigue abierta en la actualidad. Demostraremos en los próximos posts que los intentos de desacreditar a Bacque han fracasado y que, a partir de las cifras aportadas por especialistas sobre los que no pesa la menor sombra de duda en cuanto a seriedad y profesionalidad, puede hablarse de un plan de amputación étnica del pueblo alemán iniciado en 1941 (aunque ya existen antecedentes a finales de la Primera Guerra Mundial) y completado en 1949. Las actuales políticas de inmigración, las caídas de la tasa de natalidad en la República Federal Alemana, apuntan a una desaparición definitiva del pueblo alemán utilizando, en este caso, el arma letal de los “valores” (hedonistas, se entiende), pero ésta es ya otra historia.
Quizá la contribución más importante de aquél primer post de 23 de septiembre de 2009 no consistió, por tanto, en sumar las cifras de los diferentes conceptos de víctimas alemanas, sino en descubrir la existencia del plan de exterminio mismo. Evidentemente, las pruebas de que ese plan no son un invento o una fantasía del autor trascienden el mero indicio, de suerte que el silencio académico en torno a este escándalo, que afecta de forma directa a una interpretación oficial del holocausto cada vez más devaluada, tarde o temprano tendrá que ser roto, aunque sólo sea, como ocurrió con Bacque, para insultar a quienes esgrimimos la bandera de la verdad. Algunos insultos ya pudieron leerse en la entrada que entonces publicara Filosofía Crítica. Siguen ahí, no han sido suprimidos. En estos momentos, empero, disponemos de una larga lista bibliográfica que avala aquello que a la sazón dependía de la lectura de unos pocos autores, como De Zayas, Bacque, Friedrich o Macdonough. Podemos sostener, como hipótesis de trabajo, que la causa del holocausto fue el plan de exterminio del pueblo alemán, que el maltrato los judíos, sin alcanzar ni remotamente las cifras y métodos atribuidos al nacionalsocialismo en la versión oficial, fue la “venganza” por el plan Kaufman y los bombardeos terroristas de las ciudades alemanas interpretados por la inmensa mayoría del pueblo como la inexorable aplicación de dicho plan. A partir de ese momento, la indiferencia de los alemanes hacia el destino de los judíos se convirtió en una realidad cotidiana. Los aliados generaron, en fin, de forma consciente, las condiciones del distanciamiento “emocional” y moral que posibilitara el desprecio de las autoridades del Tercer Reich hacia una “discurso de los derechos humanos” cuya realidad había demostrado ser una farsa. ¿Puede afirmarse, después de lo sucedido en el mundo entre la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y nuestros días, que dicha normativa es algo más que un instrumento de propaganda al servicio del imperialismo de Washington y Tel Aviv? Que cada cual ensaye su respuesta, nosotros hace tiempo que emitimos la nuestra.
La tabla de Bellinger
A continuación examinaremos una a una las cifras de la tabla de Bellinger y las fuentes bibliográficas en que se basan.
(continuará / post en elaboración… si nos dejan)
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