…la muerte es parte de la vida…

La muerte y sus consecuencias morales.

La muerte, reservada a todos por la fuerza misteriosa que nos ha puesto aquí y nos ha dado una consciencia parcial de la vida, provoca en la vida humana un fondo de angustia, más  fuerte o más débil en según qué circunstancias. La angustia es “sublimada” de muchos modos y en muchos grados, pero permanece siempre, como recordaba Unamuno, aunque los problemas cotidianos nos distraigan por su cuenta o nos distraigamos deliberadamente con ellos. En un plano animal, la angustia nace del contraste brutal de la muerte con el impulso de supervivencia. Pero también de la impresión de que no solo desapareceremos para el mundo, como comprobamos a diario–quedando solo una memoria reducida y cada vez más vaga,hasta esfumarse,del paso por la tierra–, sino que el mundo desaparecerá también para nosotros. Quise exponer esta sensación en la novela “Sonaron gritos…” cuando los protagonistas comprueban el asesinato de  Mercè.

En condiciones extremas, la muerte puede resultar deseable, y mucha gente, llegada la vejez, puede aceptarla con serenidad pensando que ya ha vivido lo suficiente, pero no se trata aquí de eso. Se trata de la cuestión de por qué se nos ha dado esa consciencia, la de que nuestra vida es efímera, sin que haya explicación del por qué, como si la divinidad quisiera jugar con nosotros. ¿Qué sentido tiene? Los animales no son conscientes de que han de morir, o al menos eso suponemos; en cambio los seres humanos lo son, y ese es un componente esencial de la calidad de humano.

Aunque mediante la moral y la ley podamos bandearnos mejor o peor en la vida, la muerte arroja sobre ella una luz extraña, o más bien una oscuridad. En primer lugar, por su igualitarismo absoluto: le llega al vicioso y al virtuoso, al rico y al pobre, al  trabajador y al vago…  Sobre todo al bueno y al malo, según la moral.  Entonces, ¿de qué vale, en fin de cuentas, haberse aceptado las mil restricciones que impone la moral a nuestros deseos espontáneos?  De ahí podemos extraer varias conclusiones: que hay otra vida en la que se hace justicia, donde los buenos reciben el premio y los malos el castigo que tan a menudo no reciben en la tierra; o bien que lo que hagamos durante nuestra estancia en la tierra carece de sentido. Lo primero parece una exigencia psíquica, incluso hasta cierto punto lógica, pero no tiene a su favor  ninguna prueba realmente firme, puede expresar más bien un pensar según nuestros deseos. Lo segundo parece más lógico, pero tampoco tiene prueba alguna, y podría responder tan solo a rebeldía frente a la incapacidad de comprensión humana.  Una tercera solución sería que el bien y el mal son solo aparentes: el poder o la fuerza — la divinidad– que nos ha traído a la vida con tales condiciones, ha distribuido los papeles en el gran teatro del mundo, con objetivos incomprensibles para nosotros, de modo que tanto  los buenos como  los malos cumplen una función predeterminada, inasequible a nuestra inteligencia pero deducible lógicamente.

De lo último caben dos derivaciones: a) la divinidad es malvada y juega con nosotros de forma despiadada. b) La divinidad es necesariamente buena: no podemos comprender sus planes, por estar muy por encima de nuestra capacidad, pero podemos tener fe en ello, y un indicio es que la vida no ofrece solo sufrimientos y maldad, sino  también alegrías y bondades. También podemos concluir que  en realidad la justicia obra en nuestro mundo, sin necesidad de vida ulterior con premios y castigos: la justicia inmanente se expresaría en la propia existencia y subsistencia del mundo y la vida a través de mil avatares imprevisibles.

En cualquiera de estos supuestos, la moral, que no puede proceder de la razón, o solo en menor medida, sufre una ambigüedad. La moral es el mandato de la divinidad para orientarnos en la selva del bien y el mal, pero ese mandato, por el mero hecho de escapar a nuestras capacidades, a nuestro raciocinio, queda envuelto en una gran oscuridad, y puede dar pie, como muestra la historia, a ritos y comportamientos  que solemos juzgar atroces, pero que por el hecho de existir encuentran ya una especie de justificación.

FUENTE:

Blog de Pio MOA:  “Dichos, Actos y Hechos”

http://www.piomoa.es/?p=3450

===

 

Anuncios

Acerca de hirania

i am a man!
Esta entrada fue publicada en ANIMALES y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s