“DE LA OPOSICIÓN ABSOLUTA ENTRE JESUCRISTO Y EL MUNDO”

MEDITACIONES ESPIRITUALES

DEL P. LUIS DE LA PUENTE, S. J.

(POR EL PADRE FCO. DE P. GARZÓN DE LA MISMA COMPAÑÍA)

TOMO I

“DE LA OPOSICIÓN ABSOLUTA ENTRE JESUCRISTO Y EL MUNDO”

fieles

P. Luis de la Puente S.J.: “Tengamos odio a todo lo que pueda separarnos del espíritu de Jesucristo, y valor para hacer la guerra a las ideas, principios y obras de los mundanos.”

Una de las más constantes y espantosas revelaciones del Evangelio es la oposición absoluta, irreconciliable y eterna que existe entre Jesucristo y el mundo.  El divino Maestro que daba al pérfido Judas el dulce nombre de amigo en el momento en que, por un beso traidor, le iba a entregar a los sayones; el que en la cruz oró al Eterno Padre por los que le crucificaban; el mansísimo Cordero que no tenía más que palabras de perdón y misericordia para los ladrones, las adúlteras y toda suerte de pecadores, no habla una sola voz del mundo que no sea para anatematizarlo, maldecirlo y condenarlo.  Pues bien, en el momento en que ora por todos los hombres, para que todos se conviertan y vivan de su fe y de su amor, excluye hasta de sus divinas oraciones dos cosas solamente: el infierno y el mundo.

El infierno porque es un mal sin remedio, la malicia eterna, porque el infierno no puede arrepentirse ni amar, porque el infierno se nutre y vive del odio, y la misericordia de Dios no tiene allí donde ejercitar su perdón ; y el mundo porque, a semejanza del infierno, “está fijo todo él en el mal”, porque vive y se nutre sólo del vicio y del pecado : la luz de la verdad no puede entrar en él, porque si puede convertirse un pecador, el mundo no se convertirá.

En efecto, la víspera de su muerte, cuando el divino Maestro derramaba del fondo de su corazón torrentes de amor sobre sus discípulos y para todos los hombres, para el mundo no tiene más que palabras de espantosos anatemas.  Palabras divinas que prueban con luz meridiana que existe una ciudad terrena enemiga de Dios, fundada sobre el mal y el pecado, una Babilonia abiertamente opuesta a la Jerusalén celestial y a su Rey eterno, que es Cristo, y que todos los que forman parte de aquella Babilonia, si no se convierten y abren los ojos al sol que ilumina a todo hombre, serán reprobados irremisiblemente.

Esta oposición absoluta de Jesucristo y del mundo es tal, porque el mundo es la contradicción de Jesucristo en su doctrina, en sus planes, en sus fines altísimos y divinos. La doctrina de Cristo es la verdad, que es el mismo Cristo, camino, verdad y vida ; la doctrina del mundo es la falsedad y la mentira; los planes de Cristo son salvar al mundo por la humildad, la abnegación y la cruz; el mundo sólo vive para perder a los hombres haciéndolos vivir para la soberbia y el placer; el fin de Cristo S. N. es elevar, ennoblecer y en cierto modo deificar la naturaleza humana; el del mundo embrutecerla por las tres concupiscencias : la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, y degradarla con toda clase de vicios infames y de pecados, que convierten en bestias a los hombres creados para la gloria. No puede darse, pues, mayor oposición, ni más cruda guerra; son como la luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, el espíritu y la materia, el cielo y el infierno, Dios y Satanás.

Hayamos sido o seamos pecadores, como la Samaritana, como la Magdalena, como Pedro, como Pablo y como mil otros más, aún nos podemos salvar.  Una sola obra es imposible a la misma bondad divina: salvarnos mientras seamos del mundo, obremos como el mundo o vivamos de la doctrina del mundo.  Hay pues en el hombre y en su alma, como dos regiones separadas y opuestas, la una elevada y noble, donde brilla la luz de la verdad y la justicia, y la otra miserable y baja, en donde rugen las malas pasiones, los vicios y las concupiscencias, como un populacho alborotado en contra de la Ley de Dios y de la doctrina de Cristo. Ese es el mundo dentro de cada uno de nosotros.

Pero al reunirnos en sociedad, cada hombre trae a ella ese fondo de malicia que, uniéndose a la perversidad de muchos, lo emponzoña y pervierte todo hasta hacer del mundo la imagen del infierno.  Criterio moral, o del bien y del mal, perverso y pervertido, llamando vicio a la virtud, y virtud el pecado;  falsas máximas, aceptadas como verdades evidentes; un evangelio del demonio y de la carne en abierta oposición con el de Cristo; el placer, el lujo, la ambición y todos los pecados capitales, constituidos en reyes e ídolos de las gentes; todo eso, y todavía mucho peor que eso, es el mundo.

Mira, por tanto, que el mundo que debes odiar, como lo odiaba Cristo N. S. , so pena de ser réprobo y excluido hasta de las oraciones de tu Redentor, es, en primer lugar, el conjunto de máximas por las que se rigen los mundanos, abiertamente opuestas a las del Evangelio.  En segundo lugar, el mundo se constituye por esa sociedad en donde gentes, que se llaman cristianas porque están bautizadas, se reúnen para gustar placeres o pecaminosos o peligrosos; en donde se olvidan o se escarnecen los preceptos de la moral cristiana, se hacen o se dicen o se representan cosas que Jesucristo reprueba, maldice y condena por medio de la Iglesia. El mundo, en una palabra, es la sociedad de Satanás, la ciudad del mal, que defiende y da derechos al error y al vicio, la que está en abierta lucha con la ciudad de Dios; tierra de maldición, tierra en donde todo lo enseñorean las pasiones más brutales, donde la vanidad, la calumnia, la deshonestidad y cien vicios y pecados más son los ídolos de millones de esclavos, que se creen felices por breves instantes, besando sus cadenas y amando su esclavitud.

A ese mundo renunció el cristiano en el bautismo, y a él tiene que renunciar todo el que quiera seguir a Cristo, porque no puede haber unión entre la luz y las tinieblas, entre el mundo que no conoció a Cristo, ni lo quiso recibir, ni lo recibirá jamás, y Cristo, que nos prohíbe amar al mundo y las cosas del mundo, (Jn. II, 15).

ES IMPOSIBLE SER DE CRISTO Y AL MISMO TIEMPO DEL MUNDO

El espíritu de Cristo, que es la verdad y el bien absoluto, y el espíritu del mundo, que es la mentira y el mal, han formado aquí abajo dos reinos, que tienen sus máximas, sus leyes, sus ciudades y sus ciudadanos. Estos dos imperios, el de Jesucristo y el de Satanás, se han repartido toda la tierra, comprenden a todos los hombres. Todos tenemos, pues, que pertenecer a Babilonia o a Jerusalén, a Jesús o a Belial, porque es imposible pertenecer a las dos ciudades a la vez, como lo es no ser de ninguna. Esta es la situación de todos los hombres.

En el exterior podremos vivir tal vez confundidos, como viven confundidas las plantas sanas con las venenosas, pero hay algo interior que nos distingue : el principio que nos mueve a obrar, las máximas que nos rigen, el Evangelio que practicamos ; y Dios, que no juzga por lo exterior, sabe bien quiénes son los suyos y quiénes sus enemigos.  Es fácil engañarse a sí mismo y confiar en ciertas apariencias de bien, en ciertas devociones y rezos, y hasta en la frecuencia de sacramentos; pero mira y vé qué amas, si tu guía es el Evangelio de Cristo o las máximas mundanas, si amas la modestia o el lujo, si el recato en el vestir o la loca tiranía de la moda ; en una palabra, si la cruz o el regalo, y así verás a qué ciudad perteneces, si a la ciudad de la luz y de Cristo, o a la de las tinieblas y Belial, si eres de Cristo o de Satanás, si de los predestinados o de los réprobos.

Es imposible servir a dos señores. Esa es la práctica de gentes que quieren unir lo irreconciliable, y la gran habilidad del mundo, que quiere ser señor, igualándose con Dios, y dice a los suyos que es posible servirle a él y servir a Dios; que todo tiene su tiempo y que hay que dar al corazón y a la edad lo suyo.  De aquí ese escándalo constante de la piedad y de la religión, de ver personas que se creen espirituales porque dan a Dios los desperdicios del mundo, y que en realidad no sirven a dos señores, sino a uno solo, es decir, a Satanás, pues mientras van con el cuerpo al templo, a la oración y a la cofradía, van con toda su alma al centro de la profanación y del mundo.   !Y creerán que Dios se honra con esos restos despreciables de lo que el mundo desdeña, y no más bien que se le deshonra y ultraja!  Esa alianza es imposible, y Dios prefiere mil veces el odio franco de sus enemigos a una apariencia de falsa amistad. Un enemigo declarado es menos de temer que el disimulado o dudoso, porque del uno nos podemos defender; pero como no desconfiamos del otro, quedamos expuestos a todas sus asechanzas.

Dios no quiere un corazón dividido; si le das un émulo o competidor  a Jesucristo, le das un enemigo, haciéndote tú al mismo tiempo enemigo suyo. Pero, ¿qué competidor le dan las personas mundanas? Su más cruel enemigo, que es el mundo. Es menester, pues,  romper son Jesucristo, si no quieres romper enteramente con el mundo; no hay término medio. Querer unir al mundo con Jesucristo, es ultrajar a Jesucristo.

Tengamos odio a todo lo que pueda separarnos del espíritu de Jesucristo, y valor para hacer la guerra a las ideas, principios y obras de los mundanos.

FUENTE:

https://forocatolico.wordpress.com/2016/05/19/p-luis-de-la-puente-de-la-oposicion-absoluta-entre-jesucristo-y-el-mundo/#comments

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4 comentarios leave one →
  1. Arturo PERMALINK
    mayo 19, 2016 7:31 am

    Buen día a Foro Católico le tengo una pregunta:

    Cómo católico que ideología económica se acerca más a los valores cristianos?

    Últimamente he estudiado mucho sobre economía y he tendido a inclinarme hacía el liberalismo clásico, ya que todas las corrientes económicas colectivistas (socialismo) inducen a la injusticia, la esclavitud y la corrupción.

    El liberalismo clásico por ejemplo menciona que la caridad debería ser siempre voluntaria y no coaccionada por el Estado, otro ejemplo es que se debe garantizar la libertad de comprar y vender entre los individuos, ya que la intromisión del Estado genera miseria así como injusticia y corrupción.

    Y hago esta pregunta desde el punto de vista exclusivamente económico, ya que socialmente los supuestos liberales confunden y análogan perversamente el liberalismo económico con el libertinaje moral y social.

    Espero su opinión

    • mayo 19, 2016 11:35 am

      Arturo.

      Gracias por la pregunta, de por sí interesante.

      La escuela liberal sostiene que para nada importan las necesidades ni la justa disposición de la propiedad, afirma que hay que sacar dinero de donde caiga… y como sea.

      La economía es la justa disposición de los bienes.

      Todos los ismos como el comunismo, liberalismo, capitalismo, o del ismo que sean, desparraman en su gran mayoría contra el orden justo de la disposición de los bienes. Más que un problema de producción, de almacenamiento, de ventas, de mercados, el problema es la cabalización de la economía.

      Nuestra respuesta más cercana es: la economía tiene leyes propias y obedecen al orden temporal, sin necesidad de adoctrinarla con falsas creencias de luchas de clases, de intereses (usura), de estatismo, de proteccionismo o de paternalismo.

      Pero, en el caso de la emisión de moneda, el Estado debe garantizar la emisión de moneda en forma ordenada, sin la intervención de intereses privados cuya especulación empobrece a los pueblos en forma descomunal.

      La participación del Estado es legítima en cuanto a eso. Un ejemplo claro fue la economía del nacional socialismo alemán, el cual protegía a su pueblo, y a sus industriales, en forma justa y frenaba la inflación, promoviendo lo contrario, la deflación, a través de la productividad.

      Deberías leer Economía Destructora y Supracapitalismo, ambas obras atribuidas a Salvador Borrego.

      Unidad en la Verdad

    • Restaurador PERMALINK
      mayo 19, 2016 1:09 pm

      Arturo:

      La economía que más se acerca a los valores cristianos es la que simultáneamente combate a la usura, a la especulación y a la lucha de clases.

      “La sociedad se rige por las fuerzas del mercado (oferta y demanda) y su sacrosanta “mano invisible”. La competencia pura y perfecta es la clave. El laissez-faire (dejad hacer), que se transforma muy rápidamente en laissez-passer (dejad pasar), es el lema de la visión liberal. Así, la circulación de bienes, personas y capitales no debe sufrir ningún obstáculo. Las fronteras deben ser abolidas y el concepto de nacionalidad desaparece en favor de una ciudadanía universal. Todos los individuos devienen en seres cosmopolitas, desarraigados, intercambiables. El liberalismo ha recorrido un trayecto que nos ha llevado desde la “economía con mercado” a la “economía de mercado”, hasta acabar en una “sociedad de mercado”. El Mercado es el nuevo Dios del capitalismo.” (Jesús J. Sebastián Lorente)

      Ante tu pregunta, es IMPRESCINDIBLE leer:

      “EL ENIGMA CAPITALISTA” de Joaquín Bochaca.

  2. Restaurador PERMALINK
    mayo 19, 2016 9:43 am

    ¡¡¡ EXCELENTE POST !!!😯

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