¿La Iglesia del Vaticano II” se somete a la Ideologia mundialista?

¿IGUALDAD ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER?

Mirando, día tras día, las noticias y los eventos que se van desarrollando en este disparatado mundo, no puedo dejar de quedar perpleja observando la intervención de la mujer en todo ésto.

Siendo mujer, esposa, madre, no puedo más que sentir dolor y vergüenza por esas mujeres que tanto se denigran, tanto buscan desaparecer como femeninas; se puede observar cuando se manifiestan cuánto odio hay en sus corazones, tan apartadas de Dios sólo buscan declararle una guerra incesante; reconociendo, eso sí, a la Iglesia Católica como verdadera, ya que sus balas de cañón siempre apuntan hacia allí, reclamando un fin a la violencia, cuando en realidad la ira es lo que las motiva, el rechazo hacia la figura de Nuestra Santísima Madre es lo que más se puede advertir en este último lapso.

El día 8 de Marzo he podido observar, atónita, con indignación, impotencia y gran pena, manifestaciones a modo de “huelga” o paro, ejemplos más que aberrantes en donde se ha blasfemado contra Nuestra Santísima Madre; y en todo el mundo, como en España, con parodias de las procesiones religiosas. Tan denigrantes, tan faltas de moralidad, de respeto, de temor de Dios, que realmente me da vergüenza ajena colocar los enlaces de dichas noticias; por lo cual, no pienso colaborar con tremendo pecado…

 

Lo curioso de todo ésto, lo encontré en el portal Periodista Digital, que fue lo que me motivó a realizar este artículo.

Ustedes se preguntarán ¿por qué? Y simplemente mi respuesta será a través de su título:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2017/03/14/guerra-contra-dios/#more-50638

“La discriminación de la mujer en la Iglesia es real, y además, palpable. Es constitucional”

 

“¡Mujeres católicas, id a la huelga!”

“Urge ya movilizar a las mujeres católicas, a que, con todos los medios a su alcance, decidan declararse en huelga”

Veamos qué dice:

Quehaceres importantes para la vida doméstica, no reguladas por leyes laborales o profesionales, incapacidad para reunirse sin consentimiento de sus propios maridos, costumbres ancestrales de entretenimiento del tiempo en cuestiones carentes de interés o de contenido, —a tenor de lo que pensaban los varones—, su condición de sumisas,…impidieron o dificultaron las huelgas femeninas.

Los tiempos están cambiando, y para el día ocho de marzo se anuncia con carácter universal, una convocatoria de huelga, más o menos simbólica o significativa, de mujeres reivindicadora de sus derechos fundamentales por su condición de personas, entre otros, el de la propia vida y la de sus hijos.

¿Cuál es, o debería ser la actitud de la mujer, por mujer, y además como parte integrante que es de “Nuestra Santa Madre la Iglesia”? ¿Alcanzó en esta cuantos derechos y deberes les corresponde ejercer como miembros activos, conscientes y adultos de la comunidad eclesial, en santa y justa igualdad con el hombre-varón? Es posible que estas sugerencias contribuyan al planteamiento de un tema de tan colosal importancia:

La mujer en la Iglesia, en calidad de institución religiosa, y a la vez, de Estado político independiente, carece de los mismos derechos que el hombre. La constitución eclesiástica —Código de Derecho Canónico— así lo establece, avalado por argumentos proporcionados por la Biblia, los Santos Padres, papas y obispos, teólogos “oficiales” y pastoralistas, que jamás podrán aseverar que su reconocimiento y aceptación han de tener y exigir la categoría de “dogma de fe”.

La discriminación de la mujer en la Iglesia es real, y además, palpable. Es constitucional. No le será posible no solamente ejercer como sacerdote, sino, en la práctica, acceder a los puestos de responsabilidad en la institución, como Nuncio-Nuncia en las correspondientes embajadas, ni estar al frente, o ser responsable, de dicasterios, organismos o instituciones a las que el hombre, por serlo y por aquello de “vir baptizatus”, cuenta con plenos derechos, “némine discrepante”.

Más aún, en el caso insólito de que a alguno o alguna se le ocurra mostrar su discrepancia con lo así establecido “por los siglos de los siglos”, es decir, desde anteayer, les aguardan descalificaciones y condenas “en esta vida y en la otra”, al margen, o sobre, cualquier interpretación disculpadora o misericordiosa.

Así las cosas y ante panorama tan amargo y ensombrecido, nada razonable, que prescinde de los evangelios, urge ya movilizar a las mujeres católicas, a que, con todos los medios a su alcance, decidan declararse en huelga, manifestarse y hacer uso de cuantas medidas legales se precisen para llamar la atención y contribuir a solucionar el problema en beneficio propio, de sus hijos e hijas, de toda la comunidad eclesial y como ejemplo de la convivencia en general.

Con ponderaciones evangélicas, una y más huelgas femeninas estarían justificadas, a la vez que “indulgenciadas” y con bendiciones religiosas, aun echando en falta las representaciones oficiales de los estamentos jerárquicos.

Ni de irreflexivos, insensatos, frívolos o irreligiosos podrían ser catalogados los convencimientos de que en semejantes huelgas y manifestaciones se habrían hecho presentes personajes femeninos del Antiguo y Nuevo Testamento. De entre sus mujeres, destacaría la Santísima Virgen María, “Madre de Dios y madre nuestra”, la mayoría de cuyos versículos de su canto “El Magníficat” habrían de utilizarse como otros tantos eslóganes de radiante actualidad.

Aunque a algunos santos misóginos todavía les escandalizaran tales gestos y adoctrinamientos, a otros seguramente que les servirían de puntos de reflexión bíblica, al dictado de los comportamientos exigidos e impuestos por los nuevos tiempos conciliares, no faltando además las bendiciones fraternales del papa Francisco.

Mientras tanto, es de esperar que los obispos católicos no “pasen” de largo de estas huelgas y manifestaciones, que a algunos de ellos hasta se les ocurra “procesionar” entre sus feligreses y feligresas, con o sin sus atuendos protocolarios, siendo imprescindible adoctrinar, antes o después, a sus diocesanos acerca de las enseñanzas seriamente teológicas, en las que jamás aparecerá la mujer discriminada en relación con el hombre, candidata “ipso facto”, a ser sujeto de la violencia machista.

Siendo mínimamente consecuentes, las huelgas y las manifestaciones extraordinarias, a favor de los derechos de la mujer en igualdad con el hombre-varón, habrían de celebrarse también en los claustros de los monasterios de monjas, y en los pasillos y estancias del resto de las comunidades religiosas en la diversidad de denominaciones, fines y propósitos. Las normas y las reglas dictadas por santos y santas fundadoras habrán de revisarse, cristianizarse y humanizarse a la luz de los principios reivindicados por el Vaticano II y por quienes participan de la organización de nuestra referencia.

“¡Mujeres, y más, las católicas, a la huelga!”, pudiera, y debiera, tener tanto o más ecos de piedad y de religión como cualquier otra jaculatoria contenidas en los devocionarios todavía hoy al uso…

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https://radiocristiandad.wordpress.com/2017/03/14/ale-amaya-arenga-cristera/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2017/03/14/guerra-contra-dios/#more-50638

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8 de marzo: ¡Día Internacional de la Mujer! El día en que la sociedad intenta recordar que fueron las mujeres quienes, con orgullo y voluntariamente, alzaron la voz para anunciar que querían vivir sin ataduras, que rompían el cordón que las sometía a su religión, a su esposo, a la educación de sus padres, a su condición biológica.

El día en que la mujer pretende enaltecerse por haberse atrevido a rechazar la idea de ser alguien que debe obedecer y servir.

El día en que se recuerda que la mujer decidió romper el cordón umbilical con el Cielo, el día en que la mujer moderna grita al mundo: “no serviré”….

¡Sí! Yo he tenido como todas ellas el carácter altanero, el corazón orgulloso, el ánimo áspero y presto a asumir tales ideas; algunas veces por abuso de autoridad masculina, algunas otras por orgullo feminista.


25 de marzo: Día celestial de la mujer, el día en que el Cielo recuerda a Aquella que voluntariamente, por humildad, se sometió a su Dios, a su religión, a su esposo, a la educación de sus padres, a su condición biológica.

Ese día tan grande, en que los Ángeles supieron que tenían por Reina a la Mujer por excelencia; ese día tan grande, en que Todo un Dios la eligió por Madre, siendo Ella quien vino al mundo para restablecer la primitiva misión de la mujer, la de ser portadora de Dios en la humanidad.

Y es que una mujer, cuanto más mujer, ¡más santa es!

El recóndito deseo de la mujer, en la historia de todo corazón femenino, tuvo cumplimiento en el instante en que María dio al Ángel el fiat: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Aquí es donde está la esencia de la feminidad; en la aceptación, la cooperación y la sumisión.


Haz de volverte más mujer siendo como Ella, cuidando tu pureza, manteniendo tu dignidad en la sumisión, dando a luz nuevas criaturitas que puedan formar parte de su reino, llevando la luz a muchas almas que viven en la oscuridad, renunciando a ti misma con amor y generosidad, tornándote una sola carne para formar un hogar donde Cristo pueda reinar.

Esparciendo con alegría el enorme agradecimiento por haber sido elegida desde toda la eternidad para ser madre espiritual, madre, esposa, hija…

Es por eso que los momentos más dolorosos y confusos para el corazón de una mujer son aquellos en los que no puede dar, y los más diabólicos en los que se rehúsa a dar.


¡Ea, chicas! Levanten la cabeza, y no se pongan la falda de la cintura a los pies, ¡portémosla del corazón a los pies!…

Confundamos a ese ser que pretende destruir a Nuestra Reina, eliminando a través de nosotras la feminidad con esa envoltura a la que llama: “Libertad”.

No tengamos miedo de decir: ¡YO, sumisa! Porque, si Dios coronó tal sumisión con la maternidad, y toda la corte celestial se arrodilla diariamente ante Ella…, ¿quién de ustedes, hombres, digno de llamarse tal, se atreve a mofarse y no arrodillarse con la corte celestial?…

¿Qué hombre de Dios no venera, protege y enaltece tal virtud en su madre, en su hija, en su hermana, en su esposa? ¿Quién de ustedes no se rinde ante aquella que porta dicha hermosura?…

Todos estamos llamados a restaurar el Reino de Nuestro Buen Dios; por lo tanto, necesitamos ser mujeres que quieran cooperar, y necesitamos hombres que nos quieran proteger.

Cada vez que tú, Madre Espiritual, Madre de Familia, Hija, Esposa, tengas la torpe idea de liberarte de alguna atadura…; cada vez que tengas ganas de encajar en ese mundo que te vende la falsa idea de que eres más mujer coqueteando con las modas, las ideas, las costumbres, los placeres…, recuerda que hay alguien contigo, que desde el Cielo está gritando:

En mí, satanás, no vas a triunfar. ¡YO, SÍ ME SOMETO! PORQUE SOY MUJER, PORQUE SOY CATÓLICA

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